My Mexical Bretzel (2019) Nuria Giménez Lorang

My Mexical Bretzel (2019) Nuria Giménez Lorang

20:10 h, Salón de actos, con la presentación y posterior diálogo con la directora.
La película está precedida a las 19:00 horas por un coloquio con la directora en el que se presentará la cinta y se abordará el proceso creativo de la cineasta.

Diario íntimo de una mujer de clase acomodada ilustrado por las filmaciones caseras de su marido, un rico industrial, entre los años cuarenta y sesenta del siglo pasado. La película es también un melodrama clásico a la manera de Douglas Sirk o Todd Haynes, con los sentimientos a flor de piel. Un viaje en volandas a través de la vieja Europa. Un ensueño romántico.

Sobre Nuria Giménez Lorang

Nuria Giménez Lorang nació en Barcelona en 1976. Estudió Periodismo, Relaciones Internacionales y Realización de Cine Documental. Ha vivido en Berlín, París y Londres, donde ha ejercido varios tipos de trabajo, la mayoría sin ninguna relación con el cine ni entre sí.

En la última década, ha ido ampliando su formación en seminarios y clases magistrales de varios cineastas, entre otros, Isaki Lacuesta, Andrés Duque, Virginia García del Pino, Sergei Dvortsevoy, Mercedes Álvarez, Patricio Guzmán, Wang Bing o Frederick Wiseman.

Ha realizado un cortometraje, Kafeneio (2016), y un largometraje, My Mexican Bretzel (2019).

Nuria Giménez Lorang sobre My Mexican Bretzel 

“Esta película nace a raíz de una muerte. Me parece hermosa la idea de que la muerte, con toda la tristeza y el dolor que conlleva, también puede dar a luz a un nuevo proyecto, a una nueva vida. Mi abuelo, Frank A. Lorang (India, 1913 – Suiza, 2010), tenía medio centenar de bobinas de 8mm y 16mm con imágenes increíbles que había filmado él en los años cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo pasado. A pesar de tener buena relación con él, nunca mencionó la existencia de ese material. Todos esos kilos de celuloide en los que él había atrapado pedazos de vida, infinitas historias, y momentos fascinantes pasaron cuarenta años en la oscuridad de su sótano. Casi un año después de que hubiese fallecido, acompañé a mi madre a Zurich, donde él había vivido gran parte de su vida, y allí encontramos las latas, perfectamente apiladas, ordenadas y etiquetadas. Yo me sentí como un pirata que encuentra el tesoro. Sin saber ni lo que contenían ni en qué estado estaban, sentí gran entusiasmo y una curiosidad casi dolorosa por saber lo que escondían. Así que las cargamos en el coche y nos las llevamos hasta Barcelona, donde vivimos.

El cine digital es muy ligero, pero el analógico pesa lo suyo. Y más si vives, como yo vivía entonces, en un sexto piso sin ascensor. Subí todas las bobinas y luego las fui volviendo a bajar para llevarlas a digitalizar en lotes de dos o tres. Siempre que iba a recogerlas, volvía casi corriendo a mi casa para ver el resultado.

A medida que fui descubriendo las maravillas que allí había, tenía cada vez más claro que iba a hacer algo con ellas. Intuía que en algún lugar de ese material se ocultaba una historia de varias capas, aunque desconocía qué forma final iban a adoptar. Pensé que el mejor modo de descubrirlo era dejarme llevar por las imágenes y disfrutar de la gran oportunidad que se me brindaba al poder trabajarlas con total libertad.

Como por arte de magia, dar una nueva vida al material que filmó mi abuelo hizo que muchas otras cosas y personas extraordinarias cobrasen vida también. Y por ese regalo impagable, a él, a mi abuela y a mi madre les estoy eternamente agradecida.”

 

ENVIAR UN COMENTARIO

Tu email nunca será publicado. Campos obligatorios marcados con *

*
*