Master Class: Estrategias de montaje. Por el Colectivo Lumiere.

Master Class: Estrategias de montaje. Por el Colectivo Lumiere.

Hora: 17:00 a 20:00h. Lugar: Teatro El Albéitar.
Inscripción gratuita escribiendo un mail con nombre y teléfono de contacto a deac@musac.es. Asunto: Master Class Lumière

Henri Langlois concebía la Cinémathèque Française como un lugar de producción más que de difusión. Sabía que Eisenstein mostraba sus películas a mano, con una tijera y una empalmadora. Siguiendo su ejemplo, llevó a cabo un montaje continuo de 12 horas a partir de 200 películas dedicado a París, empezando con los Lumière y concluyendo con Godard. Durante la proyección pegaba y despegaba, montaba y desmontaba el celuloide partiendo únicamente de sus recuerdos; éste es el germen de Histoire(s) du cinéma: Godard monta un estudio en 16 y 35mm para producir, montar y mezclar en 16mm con una mesa de montaje de Super 8, combinada con la de 16mm, que le sirve de proyector. Toma sus cintas, sus fotos, recortes de prensa, y con ello crea un archivo; después, encuentra en el cine la creación y en el vídeo la reflexión, pues permite ver la imagen antes de hacerla. Montando, como sucede escribiendo, materializa el mayor gesto crítico: a veces, la imagen se desliza por un microscopio; otras, por un teleobjetivo. También montando descubre que la cámara no se fabricó para que coincidiera necesariamente con el proyector y que por ello se debieron filmar los primeros planos laterales o, disminuyendo la velocidad de la moviola, recuerda y compara el acercamiento a un rostro en Griffith y Eisenstein.

La historia del cine está llena de proyectos inconclusos: Jesús de Nazaret (Dreyer), El Capital (Eisenstein), Petrolio (Pasolini), Frenzy/Kaleidoscope (Hitchcock), El Génesis (Bresson)… También el Museo Imaginario de Henri Langlois, cuyas ideas nos permiten situarnos históricamente en la historia de la crítica y comprender mejor sus dos momentos: el primero, en el que se han de ver y entender las películas pasándolas por la moviola, y el segundo, el de la escritura. Sin embargo, sin el primero no podemos imaginar siquiera ni un diez por ciento de lo que nuestros ojos y oídos podrían percibir sometiendo cada plano a la observación, fotograma a fotograma si es necesario, a través del montaje. Lo que aquí se propone por tanto es, en primer lugar, un programa imaginario, a través del cual situarnos históricamente en la historia de la crítica y, en segundo lugar, una conferencia irresoluble, porque por el momento, como el museo de Langlois, no podrá encontrar el lugar ni el momento de ver la luz.

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